Esta decisión se produce después de que la compañía anunciara el pasado 23 de marzo que suspendería la venta de tiquetes hasta el 30 de abril, aunque horas después echó para atrás la medida, asegurando que sus inversionistas habían hecho un esfuerzo para continuar. En paralelo, la Superintendencia de Transporte había expresado que la aerolínea presentaba una baja liquidez que le hacía más difícil poder cumplir con sus obligaciones a corto plazo.
La delicada situación financiera que atraviesa Ultra Air se suma a la entrada a mantenimiento no programado de dos de sus seis aeronaves, lo cual afectó los itinerarios de aproximadamente 5.000 pasajeros que tuvieron que ser reubicados en otros vuelos. Durante el 23 de marzo, varios usuarios vieron cómo sus itinerarios fueron cancelados o aplazados.
Los incrementos en los costos del combustible, la devaluación del peso colombiano frente al dólar y la alta inflación no solo han golpeado a Ultra Air, sino a todas las empresas del sector. Incluso, Viva Air tuvo que suspender abruptamente sus operaciones el pasado 27 de febrero y aún es incierto si podrá volver a prender motores.
En resumen, la suspensión de operaciones de Ultra Air es un golpe más para la industria de la aviación en Colombia, que atraviesa una difícil situación económica. La incertidumbre sobre el futuro de la aerolínea y el sector en general sigue siendo elevada, y se espera que las autoridades y las empresas trabajen juntas para encontrar soluciones a los desafíos que enfrentan.