En una audiencia de la JEP falsos positivos Medellín, el país fue testigo de un hecho que reavivó el debate sobre justicia y reconciliación. En ese escenario, víctimas y victimario protagonizaron un acto que generó conmoción nacional.
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Durante la diligencia de la Jurisdicción Especial para la Paz, Rosalba Quintero y Yésica Giraldo abrazaron al teniente retirado Andrés Mauricio Rosero Bravo. El exmilitar reconoció haber ordenado el asesinato de John Darío Giraldo Quintero en 2003.
El caso hace parte de los llamados “falsos positivos”, uno de los capítulos más dolorosos del conflicto armado colombiano. Sin embargo, lo que ocurrió después marcó un momento sin precedentes.
JEP falsos positivos Medellín: un perdón que conmueve al país
El exoficial, visiblemente afectado, pidió perdón entre lágrimas. Reconoció su responsabilidad en ejecuciones extrajudiciales y aseguró estar arrepentido por los hechos cometidos.
Además, manifestó su intención de contribuir a la verdad. Este elemento resulta clave dentro del modelo de justicia transicional que promueve la Jurisdicción Especial para la Paz.
Por su parte, las víctimas sorprendieron al país. En lugar de rechazo, respondieron con un abrazo que simboliza un gesto de humanidad y resiliencia.

Este acto ha generado múltiples reacciones. Mientras algunos sectores valoran el perdón, otros cuestionan si estos gestos son suficientes frente a crímenes de esta magnitud.
Además, el caso vuelve a poner en evidencia la complejidad de los procesos de justicia restaurativa. En este modelo, la verdad y la reparación tienen un papel central.
JEP falsos positivos Medellín: verdad, justicia y reconciliación
Este episodio revive una de las heridas más profundas del país. Los “falsos positivos” dejaron miles de víctimas y un impacto duradero en la confianza institucional.
Por ello, la JEP busca esclarecer la verdad completa. A través de estos espacios, se pretende que los responsables reconozcan sus actos y aporten información clave.
Sin embargo, el debate sigue abierto. Para algunos ciudadanos, el perdón representa un paso hacia la reconciliación nacional. En cambio, otros insisten en que la justicia debe ser más estricta.
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Expertos señalan que ambos elementos pueden coexistir. La justicia transicional no excluye el castigo, pero prioriza la verdad y la reparación integral.
Además, estos actos permiten dignificar a las víctimas. Escuchar el reconocimiento de responsabilidad puede contribuir a cerrar ciclos de dolor.
Por otro lado, el impacto mediático del caso ha sido significativo. Las imágenes del abrazo se han difundido ampliamente en redes sociales, generando opiniones divididas.
Este tipo de hechos también invitan a la reflexión colectiva. La sociedad colombiana enfrenta el reto de construir memoria sin dejar de exigir garantías de no repetición.
En ese sentido, la JEP continúa siendo un escenario clave. Allí se busca equilibrar justicia, verdad y reconciliación en medio de un contexto complejo.


