Plantón en Zarzal y su trasfondo comunitario
El plantón en Zarzal ha despertado un profundo eco en la región. El hecho refleja tensiones históricas que afectan a las comunidades afrodescendientes y campesinas del centro y norte del Valle. El escenario no es nuevo, pero adquiere mayor fuerza en medio de promesas de transformación aún incumplidas.
Denuncia de racismo institucional y desinterés estatal
La ausencia de entidades oficiales en una mesa de diálogo convocada con las comunidades generó molestia. Líderes sociales señalaron que la inasistencia de la Agencia Nacional de Tierras, así como de los ministerios del Interior e Igualdad, fue percibida como una forma de racismo institucional. Para ellos, este vacío refuerza la idea de que sus derechos no reciben la misma atención que otros sectores del país.
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Plantón en Zarzal exige unión y defensa de derechos
Organizaciones afro y campesinas coincidieron en que este plantón no busca dividir, sino unir fuerzas. Reiteraron su respaldo a la Ley 70 de 1993, que garantiza la titulación de tierras colectivas, y recalcaron que el territorio es vital para la supervivencia cultural y económica de sus pueblos. Además, invitaron a la sociedad civil, organizaciones de derechos humanos y organismos internacionales a respaldar su causa.
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Exigencias claras a las autoridades nacionales
Los líderes presentes expresaron demandas concretas. En primer lugar, pidieron respeto y garantías de seguridad al director de la Agencia Nacional de Tierras, Felipe Harman. También exigieron la retractación de declaraciones que los vinculan con ocupaciones ilegales relacionadas con bienes del narcotráfico. Finalmente, advirtieron que, ante la falta de respuesta oficial, iniciarían bloqueos viales como medida de presión legítima.
Persistencia en la lucha pacífica
La decisión de las comunidades afrodescendientes y campesinas es mantener la movilización. Subrayaron que su protesta es pacífica, pero determinada. No se detendrán hasta lograr que el Estado colombiano asuma su responsabilidad y brinde garantías efectivas para proteger la vida, la dignidad y los territorios. Para los líderes, la indiferencia oficial no debilita la lucha, sino que fortalece la convicción de que la igualdad aún está lejos y solo se alcanzará con resistencia organizada.


