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Cartago
sábado, enero 28, 2023
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83 años, 59, dedicados al servicio, Monseñor Jairo Uribe Jaramillo.

Desde muy pequeño fue orientado hacia el servicio por los demás; así lo educaron José María y Lucrecia, sus adorados padres, nació en “La Tierra de los cíen señores” Abejorral, en el oriente de Antioquia, el 10 de enero de 1940.

Su corazón se preparó desde muy joven para ser sacerdote, hizo todos sus estudios para su ordenación en Medellín, pero esta tierra no era el destino que le tenía preparado Dios, pues como él mismo dice, “me regalaron a la Diócesis de Cartago” y fue en la tierra del sol más alegre donde logró su objetivo, un 15 de agosto de 1964 a la edad de 24 años, ese día podría decirse que también fue graduado como cartagüeño puro, porque sus ornamentos, que fueron hechos para el frío antioqueño de esa época, lo hicieron sudar lo impredecible durante la ceremonia en la que confirmó su vocación sacerdotal.

Monseñor es un predicador innato, un orador a carta cabal, exacto e inequívoco al entregar los mensajes de la palabra de Dios, cada frase que sale de su boca está cargada de prudencia y en ocasiones usa la imprudencia para afilar su humor y su forma de ser única e interesante. Hablar con Monseñor es saber qué hay que abrir los 5 sentidos y tener la certeza que este escuchará atento para analizar, entender, orientar y ayudar, si es necesario a su interlocutor.

Si hablamos de Jairo, el incansable lector, debemos ponerle una caña de pescar, unos zapatos cómodos y un sombrero para evitar el sol, porque al hombre que está detrás del ‘cleriman’ le gusta pescar, el buen vino, come de todo mientras su salud le permita, especialmente postres que son una de sus debilidades.

Monseñor Jairo Uribe Jaramillo, este año celebrará con todas las familias que han sido beneficiadas y en especial con la comunidad de Cartago, 50 años de La Corporación Diocesana Pro Comunidad Cristiana, entidad que es bien conocida por todos, de la que hacen parte actualmente, más de 20 proyectos de inversión social y la cual ha generado miles de viviendas en muchas partes del territorio colombiano.

Un hombre recio, seguro y dinámico, un sacerdote con una vocación llena de amor por los demás y siempre orientada al servicio, un ser humano colmado de nobleza, que con 83 años conserva de una manera magistral su lucidez, alguna que otra vez su corazón fuerte como el acero y blando como la miel, le ha jugado chueco, recordándole la fragilidad de su humanidad, pero él sigue ahí, luchando en pro de los necesitados, no solo en lo material, si no también en lo espiritual que es donde más ha ayudado.

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